domingo, 23 de febrero de 2014

Dinero de la nada

"Denme el control sobre la moneda de una nación y no me importa quién haga las leyes." 

Mayer Amschel Rothschild

El instrumento más importante en términos del control es la banca. La creación y la manipulación de dinero. El sistema está basado en crear dinero que no existe y prestarlo a personas y a empresas a cambio de interés. Esto crea enorme deuda para gobiernos, empresas y la población general, por lo tanto nos controlan. Vital para esto ha sido permitir que banqueros presten dinero que no tienen. 

Trabaja de este Modo: Si usted o yo tenemos un millón de euros, podemos prestar un millón de euros.

Muy simple. Pero si un banco tiene un millón de euros puede prestar diez veces eso y más, y cargarle interés. Ni siquiera una fracción de las personas que en teoría tienen "dinero" depositado en los bancos fuera hoy a retirarlo, los bancos cerrarían de golpe las puertas en media hora porque no lo tienen.

El dinero en el banco es un mito, otro truco de confianza. Cuando entramos en un banco y pedimos un préstamo, el banco no imprime ni una sola nueva nota ni acuña una sola nueva moneda.

Simplemente teclea la cantidad del préstamo en su cuenta. Desde ese momento estámos pagando interés al banco sobre lo que no es nada más que cifras tecleadas en una pantalla. Sin embargo, si dejamos de pagar ese préstamo inexistente, el banco puede llegar y muy legalmente llevarse su riqueza que existe, la casa, tierra, automóvil, y pertenencias, hasta el valor aproximado de cualquiera sea la cifra que fue tecleada en esa pantalla. Más que eso, ya que el dinero no es puesto en circulación por los gobiernos, sino por bancos privados haciendo préstamos a clientes, los bancos controlan cuánto dinero está en circulación. Cuanto más préstamos deciden hacer, más
dinero hay en circulación. 

¿Cuál es la diferencia entre un auge económico (prosperidad) y una depresión económica (pobreza)?. Sólo una cosa: la cantidad de dinero en circulación. Eso es todo. Y, a través de este sistema, los bancos privados, controlados por las mismas personas, determinan cuánto dinero habrá en circulación. 

Pueden crear auges y depresiones a voluntad. Lo mismo con los mercados de valores donde estos tipos están moviendo billones de dólares al día alrededor de los mercados financieros y de la banca, determinando así si suben o bajan, despegan o se estrellan. 
Los colapsos del mercado de valores no sólo ocurren, son provocados. ¿Cómo? Se crea un alza rápida concediendo muchos préstamos y luego se tira del tapón.
La mayor parte del "dinero" en circulación no es dinero físico, efectivo y monedas. Es representado como cifras pasando de una cuenta de ordenador a otro electrónicamente vía transferencias de dinero, tarjetas de crédito y cheques.
Durante una alza rápida (boom o auge) muchas personas se endeudan aún más. La actividad económica vibrante quiere decir que las empresas piden más préstamos para nueva tecnología para incrementar la producción para hacer frente a la demanda. 

Las personas piden más préstamos para comprar una casa mayor y un nuevo automóvil más costoso, porque están tan confiados sobre su futuro económico. Entonces, en el momento más oportuno, los banqueros principales aumentan tasas de interés para suprimir la demanda de préstamos y empiezan a exigir el pago de préstamos ya existentes. Se aseguran en hacer menos préstamos que antes. Esto tiene el efecto de sacar unidades de cambio (dinero en sus varias formas) de circulación. Esto suprime la demanda de productos y resulta en menos trabajos porque no hay suficiente dinero en circulación para generar la actividad económica necesaria. Así que as personas y empresas no pueden ganar lo suficiente para pagar sus préstamos y van a la quiebra. 

Los bancos se apoderan entonces de su riqueza real, su empresa, casa, tierra, automóvil y pertenencias a cambio del no- pago de un préstamo que nunca fue más que cifras tecleadas en una pantalla. Esto ha estado sucediendo en ciclos durante años, especialmente los últimos siglos, y la riqueza real del mundo ha sido extraída de la población yendo hacia las manos de aquellos que controlan el sistema bancario.

Lo mismo se aplica a los países. En lugar de crear su propio dinero libre de
interés, los gobiernos lo piden prestado del cartel de banca privado y pagan tanto el interés como el capital mediante tributación de las personas. ¡¡Cantidades fantásticas del dinero que usted paga en impuestos van derecho a los bancos privados para pagar préstamos que los gobiernos podrían crear ellos mismos sin intereses!!

Lo que llamamos "privatización" es la venta de posesiones del estado para evitar la quiebra causada por la deuda creada por el banco. Países del Tercer Mundo están cediendo el control de su tierra y recursos a los banqueros internacionales porque no pueden pagar los vastos préstamos hechos, a propósito, por los bancos para atraparlos en esta misma situación.

El mundo no tiene porqué estar en pobreza y conflicto, es manipulado para que sea así.

El Banco Central

Uno de los momentos claves del sistema fue la creación en 1913 de la Reserva Federal, el supuesto "banco central" de los Estados Unidos. 

No es ni federal ni tiene ninguna reserva. 

Es un cartel de bancos privados poseído por las 20 familias fundadoras,
principalmente europeas, que decide las tasas de interés hoy para los Estados
Unidos y presta dinero inexistente (cifras en una pantalla) al gobierno de EE.UU. sobre el que los contribuyentes tienen que pagar interés. Esto es lo que llamamos el "Déficit Estadounidense" - es aire fresco. 

El gobierno federal de los Estados Unidos no posee ni una sola acción en la Reserva Federal y los ciudadanos estadounidenses no pueden comprarlas. Las ganancias exceden los u$s 150 mil millones al año y la Reserva Federal no ha publicado cuentas auditadas ni una vez en toda su historia.

Como está ahora bien documentado por los investigadores, los banqueros de la Élite de los carteles Rockefeller - Morgan - Rothschild - Harriman se reunieron en secreto en isla de Jekyl en Georgia para hablar de las tácticas y la naturaleza del proyecto de ley que deseaban fuera aprobado para fundar el banco que ellos tan gravemente deseaban.

La Isla Jekyl, parece, era poseída por los Payseurs y cada miembro del grupo era un fideicomisario de Payseur. Su portavoz político era el Senador Nelson Aldrich, el abuelo de Nelson Rockefeller, el cuatro veces Gobernador de Nueva York y vice-Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica después de que Gerald Ford reemplazó a Richard Nixon como consecuencia del Watergate en 1974. La hija de Aldrich, Abby, estaba casada con John D. Rockefeller Jr.. Cuando el proyecto de ley de la Reserva Federal estaba yendo ante el Congreso los banqueros que habían escrito el proyecto de ley se opusieron a él con vehemencia en público. 

Los banqueros eran muy impopulares en ese momento y querían dar la impresión de que el proyecto de ley era malo para ellos, incrementando así el apoyo público para que él sea aprobado. Este tipo de manipulación sucede constantemente y no importa qué esté diciendo alguien de un evento en público, tenemos que seguir haciendo la pregunta:

"¿Quién se beneficia de este suceso?" y "¿Quién se beneficia de que yo crea en lo que me están diciendo?"

Impulsaron el proyecto de ley justo antes de la Navidad de 1913 cuando muchos congresistas estaban ya en casa con sus familias para el día festivo. Ahora podían controlar las tasas de interés estadounidenses y hacer una fortuna prestando al gobierno dinero que no existe y cargándole interés. Para terminar el ciclo, sin embargo, tuvieron que asegurar un suministro interminable de reservas para el gobierno y por tanto presentaron un proyecto de ley de impuesto a las ganancias federal, también en 1913.

Para hacer esto necesitaban una enmienda, la 16ª, a la Constitución estadounidense, y eso requería el consentimiento de al menos 36 estados. 

Sólo dos estados estuvieron de acuerdo, pero Filander Knox, el Secretario de Estado, simplemente anunció que la mayoría requerida había sido conseguida y el proyecto de ley fue introducido. Hasta el día de hoy el pago hecho cumplir del impuesto federal sobre la renta es ilegal y con todo la Dirección General Impositiva (Internal Revenue Service, IRS) sigue haciendo eso en los Estados Unidos todos los días. 
Algunos pueden decir que llamarlo operación terrorista es demasiado extremo, pero para aterrorizar a alguien usted no tiene que usar un arma de fuego o una bomba. Usted puede hacerlo amenazando con destruir su medio
de vida y desalojarlos de su casa para pagarle a usted un impuesto que es ilegal.
La Dirección General Impositiva (IRS) que recolecta la tributación en América es también una compañía privada, aunque el público cree que es parte de su gobierno.
En 1863 la Agencia De Ingreso Interno (Bureau of Internal Revenue, BIR) se formó para recolectar la tributación, pero en 1933, ese año otra vez, vino el principio de otro golpe sobre las personas estadounidenses. Tres miembros del círculo de Prescott Bush, Helen y Clifton Barton y Héctor Echeverría, formaron el Servicio De Impuesto A La Renta Interno Y Auditoría (Internal Revenue Tax and Audit Service), lo registraron en Delaware, la bandera de América del estado de conveniencia, donde se hacen pocas preguntas. Prescott Bush era el padre de George Bush. En 1936, esta organización
cambió su nombre a la Internal Revenue Service y corrió como una compañía privada.

En 1953, la Agencia De Ingreso Interno (BIR) original fue disuelta, dejando que la Dirección General Impositiva (IRS) privada, recolecte todos los impuestos. Esto es controlado por las mismas personas que poseen la Reserva Federal.

Atención:  El Dinero es deuda.

Gobierno Mundial

“La misma palabra ‘secreto’ es repugnante en una sociedad libre y abierta, y nosotros somos, como personas, intrínsecamente o históricamente opuestos a las sociedades secretas a los juramentos secretos y a los procedimientos secretos.

“Decidimos hace tiempo que los peligros de la ocultación excesiva e injustificable de hechos pertinentes, sobrepasan por lejos los peligros que se citan para justificar la ocultación.

“Incluso hoy, existe poco valor para oponerse a la amenaza de una sociedad cerrada al imitar sus restricciones arbitrarias.

“Incluso hoy, existe poco valor para asegurar la supervivencia de nuestra nación, si nuestras tradiciones no sobreviven con ella, y existe el gran y grave peligro de que una proclamada necesidad de aumentar la seguridad, sea arrebatada y utilizada por aquellos ansiosos e impacientes por expandir sus intenciones a los mismos límites de la censura y ocultación oficiales.

“A lo que yo me propongo impedir, hasta el punto que esté en mi control. Y ningún funcionario de mi administración, ya sea de rango elevado o bajo, civil o militar, debe interpretar mis palabras aquí esta noche, como una excusa para censurar las noticias, para sofocar el disentimiento, para encubrir nuestros errores, o para retener de la prensa y del público, los hechos que ellos merecen saber.

“Tenemos la oposición alrededor del mundo de una conspiración monolítica y
despiadada, que confía sobre todo en los medios secretos para extender su esfera de influencia, a través de la infiltración, en lugar de la invasión, a través de la subversión, en lugar de elecciones, con intimidación, en vez de opción libre, con guerrillas por la noche, en lugar de ejércitos de día.

“Es un sistema que ha reclutado extensos recursos humanos y materiales en la construcción de un tejido hermético, una máquina altamente eficiente, que combina operaciones militares, diplomáticas, de inteligencia, económicas, científicas y políticas.

“Sus preparativos son encubiertos, no publicados. Sus errores se entierran, no se anuncian con titulares. Sus disidentes son silenciados, no elogiados. Ningún gasto se cuestiona, ningún rumor se imprime, ningún secreto es revelado.”

John F. Kennedy

Plan KALERGI

Nuestra raza es una raza de amos. Nosotros somos dioses sobre este planeta. Somos tan diferentes de las razas inferiores como ellos lo son de los insectos. De hecho, comparados con nuestra raza, las otras razas son bestias y animales, como mucho, son ganado.
Nuestro destino es gobernar sobre las razas inferiores. Nuestro reino terrenal será gobernado con vara de hierro por nuestro líder. Las masas lamerán nuestros pies y nos servirán como nuestros esclavos.

El Plan Kalergi, elaborado en 1923 tiene mucho que ver con el párrafo anterior como a continuación podrán comprobar.



Aunque le parezca extraño, estas palabras no las dijo Adolf Hitler, si no que fueron pronunciadas por un judío (realmente estos “judíos” son los descendientes de los Grigori): Menachem Begin, primer ministro de Israel entre 1977 y 1983 en un discurso dirigido al Knesset (el parlamento israelí).



Y además, este buen hombre también obtuvo el premio Nobel de la paz de 1978 (Hemos de recordar que también le dieron el mismo galardón al presidente del único país que está en guerra permanente en alguna parte del mundo -EEUU- lo que dice bien poco de los Nobel).
PLAN KALERGI

El Plan Kalergi es un plan genocida elaborado en 1923 por el político mestizo Richard Nikolaus Coudenhove-Kalergi junto con sus socios masones, precursores de la Unión Europea, para destruir a Europa y exterminar a la raza blanca, mediante el fomento del multiculturalismo (el primer paso hacia la dictadura de un único estado mundial) y la inmigración masiva de negros, asiáticos, mestizos latinoamericanos, amerindios y musulmanes con el fin de mezclarlos racialmente, produciendo así, según sus propias expectativas, una raza mestiza pasiva, amansada, predecible y manipulable, de carácter e inteligencia inferior sobre la cual pudiera gobernar eternamente la élite aristocrática judía, pues dicha mente inferior les impediría organizarse para rebelarse, e incluso darse cuenta de que están dominados. Este plan, expuesto en 28 tesis, está inspirado en el dominio humano sobre los animales de granja, los cuales, debido a su inferior inteligencia no pueden rebelarse.
PUESTA EN MARCHA

La invasión inmigrante, de acuerdo a los nuevos estándares económicos y la globalización, ya se ha producido y no existe intención de rechazarla por parte de los gobiernos por mucha crisis que haya. Y al mismo tiempo se fomenta el mestizaje para lograr el exterminio de la raza blanca, en todos los países blancos del mundo. No en los asiáticos, ni africanos, en donde no hay invasión inmigrante, sino solamente en los países blancos. La invasión se disfraza de progreso, caridad, humanismo, fraternidad, justicia social, igualdad, etc. Pero se trata de un plan criminal y despiadado para destruir a los europeos.



LA ESENCIA DEL PLAN

En sus primeros manifiestos escritos entre 1923 y 1925, el Plan Kalergi exigía que los judíos tomasen el poder, primero en Europa y después en todo el mundo. El plan se basa en un racismo judío utópico y se refiere a una «raza superior» (Herrenrasse) judía. La expresión Herrenrasse, utilizada por Adolf Hitler para describir a la raza aria, fue usada también por Coudenhove-Kalergipara corroborar la reivindicación de la soberanía judía en Europa y en el mundo. También el término «raza noble judía» es utilizado constantemente. Con motivo de la creación de este imperio judío, el plan Kalergi proclama la abolición del derecho de autodeterminación de los pueblos y, posteriormente, la eliminación de las naciones por medio de migraciones alógenas en masa, o bien su despedazamiento interno a través de movimientos separatistas “étnicos” como el separatismo catalán o vasco. Para que Europa sea dominable por los judíos, pretende transformar a los pueblos racialmente homogéneos en conjuntos mezclados de blancos, negros y asiáticos. A estos mestizos les atribuye crueldad, infidelidad y otras características que, según él, deben ser creadas conscientemente porque son indispensables para conseguir la superioridad de los judíos.

Mucho antes que Hitler, Kalergi compartía la opinión del alto rendimiento de la raza blanca, especialmente de la subraza nórdica, pero, al contrario que Hitler, no aspiraba al fomento, conservación y fortalecimiento de la misma, sino a su destrucción. Por este motivo, pretendió influir en la “Creación”, porque pensaba acertadamente que al cruzar las razas, se eliminarían talentos y características admirables de cada una de ellas. A pesar de su valoración positiva de esta raza, creó el plan de su exterminio únicamente porque decía necesitar a mestizos fácilmente manipulables para cuando los judíos tomaran el poder. En la actualidad, encontramos otra palabra en los medios de comunicación americanos cuando se refieren a la colonizaciónde Afganistán e Irak, otro de los muchos signos que prueban que la semilla de Kalergi sigue germinando. Se trata de nationbuilding y significa algo así como la creación artificial de naciones a manos del hombre. En cuanto a la idea de Kalergi sobre el hombre cruzado consanguíneamente, encontramos grandes conocimientos sobre la evolución y la cría de razas que en algunos puntos concuerdan asombrosamente con las investigaciones de Darwin y las, en ese entonces no redactadas, teorías del Tercer Reich. También la ciencia moderna, impulsada sobre todo por Israel, que con el análisis del ADN puede distinguir a los judíos de sus primos, los árabes, confirma los conocimientos de Kalergi sin que se pueda averiguar la proveniencia de dicha sabiduría.
Richard Nikolaus Coudenhove-Kalergi

Richard Nikolaus Eijiro Graf Coudenhove-Kalergi, (Tokio, 16 de noviembre de 1894 – Schruns, Vorarlberg, Austria, 27 de julio de 1972) fue un político y geopolítico austríaco-japonés que en 1923 publicó un manifiesto titulado Pan-Europa, que supone la fundación de la Unión Internacional Paneuropea, y con ella, el Movimiento Paneuropa, antecedente de laEuropa de Maastricht y la Unión Europea, así como realizador principal del criminal “Plan Kalergi”. Kalergi dio al concepto de “Paneuropa” y “paneuropeísmo” el significado de “la unificación de todas las naciones europeas bajo un solo Estado”, con el objetivo adicional de transformar étnicamente a Europa mediante la integración de distintas razas y culturas extrañas al continente, formando así una Europa cosmopolita, multicultural, multirracial y eventualmente mestiza.



Hijo del conde y diplomático Heinrich Coudenhove-Kalergi (autor del libro La idiosincrasia del antisemitismo) austrohúngaro. Su madre, Mitsu Aoyama, era de origen japonés. Obtuvo su doctorado en filosofía en la Universidad de Viena y trabajó como periodista y editor en la revista “Paneuropa”. Es reconocido como el fundador del primer movimiento popular para una Europa unida.

Posteriormente al manifiesto publicado en 1923, publicó su trabajo más importante, titulado “La lucha por Paneuropa” (1925-1928) en tres volúmenes. Sus ideas influyeron en Aristide Briand y su discurso en la Sociedad de Naciones del 8 de septiembre de 1929. Después de la anexión de Austria a Alemania, huyó a Francia en 1938, y luego a Estados Unidos en 1940. Allí dio clases en la Universidad de Nueva York hasta 1945, cuando regresó a Francia. En Estados Unidos publicó su obra “Cruzada por Paneuropa” en 1944. Después de su regreso a Francia, fundó la Unión Parlamentaria Europea. En el congreso de dicha Unión en 1947 (8 al 12 de septiembre) defendió la idea de que la creación de un mercado amplio, con una moneda estable (el posterior Euro), era el vehículo para que Europa reconstruyera su potencial y ocupara el sitio que le correspondía en el concierto de las naciones. En 1950, Coudenhove-Kalergi fue la primera persona que recibió elPremio Carlomagno, otorgado por la ciudad alemana de Aquisgrán a aquellos que “contribuyen a la idea de una Europa unida y en paz”. El origen del premio se sitúa el 19 de diciembre de 1949 cuando un comerciante de la ciudad de Aquisgrán, el Dr. Kurt Pfeiffer, que había fundado un círculo cultural con el nombre de “Corona Legentium Aquensis” con la intención de fomentar el diálogo entre los políticos, los científicos y los personajes culturales de toda Europa, anuncia la creación de un premio que bautiza con el nombre del emperador Carlomagno quien en el siglo VIII había fijado su residencia en Aquisgrán. Dicho premio se otorga a la aportación (anual) más valiosa a la “comprensión” y “desarrollo” de la comunidad en Europa Occidental y por servicios a la “humanidad” y a la “paz mundial”. La aportación puede ser en los campos de la literatura, ciencias, economía o política. Su entrega, el mes de mayo, se realiza en la Sala de la Coronación del ayuntamiento de Aquisgrán tras lo cual se hacen tres discursos, uno por el alcalde la ciudad, otro de alabanza por un invitado especial y el tercero por el propio premiado. No es coincidencia que sea Carlomagno, ya que la mayor parte de toda la realeza, políticos y muchos actores son descendientes de dicho emperador. Entre los premiados tenemos a Konrad Adenauer, Winston Churchill, Paul Henri Spaak, Robert Schuman, Salvador de Madariaga, Juan Carlos I, Henry Kissinger, François Mitterrand, Helmut Kohl, Roger Schutz, Felipe González Márquez, Tony Blair, Bill Clinton, Valéry Giscard d’Estaing, Juan Pablo II (Premio Extraordinario), Jean-Claude Juncker, Javier Solana, Angela Merkel, Jean-Claude Trichet, Wolfgang Schäuble.



Bandera del movimiento Paneuropa, ¿les suena de algo la cruz y las estrellitas?

Kalergi estaba a la cabeza de la conspiración que amenaza actualmente la subsistencia de los pueblos de Europa. Ya en 1923, y ante sus hermanos masones, este oscuro personaje proclamó que Europa sería dominada por una «raza aristocrática judía». Con tal fin, los europeos debían «ser cruzados» con negros y asiáticos como si de animales se tratara. 
De este "cruce”,Coudenhove-Kalergi esperaba la consecución de una clase humana inferior, fácilmente gobemable y sin carácter.

Entre sus adeptos de primera hora se encontraban los políticos checoslovacos Tomáš Masaryk y Edvard Beneš así como el banquero Max Warburg, que puso a sudisposición los primeros 60.000 marcos.

El canciller austríaco, Monsignore Ignaz Seipel, y el más tarde presidente austríaco, Karl Renner, se encargaron después de liderar el “Movimiento Paneuropa”. Kalergi mismo indicaba que altos políticos franceses apoyaban su movimiento para reprimir la revancha alemana. Así, el primer ministro francés Edouard Herriot y su gobiemo, al igual que líderes británicos de todos los ámbitos políticos y entre ellos el redactor jefe del Times, Noel Baker, cayeron en las maquinaciones de este conspirador. Finalmente, hasta consiguió atraer a Winston Churchill.

En 1926, Kalergi volvió de dar unas conferencias por Estados Unidos con la certeza de haber convencido a la opinión pública americana del plan de apoderamiento judío de Europa. Aquí le esperaban dos nuevosseguidores: el ministro de asuntos exteriores francés, Aristide Briand, y el canciller alemán, Stresemann. En el mismo año, el que más tarde se convertiría en el genocida checo de 300.000 alemanes sudetes, Edvard Beneš, fue nombrado presidente honorífico. El hasta ahora casi desconocido Kalergi, también negociaba con Mussolini para restringir el derecho de autodeterminación de los austríacos y favorecer todavía más a las naciones vencedoras de la Primera Guerra, aunque fracasó.

De la interminable lista de altos políticos del siglo XX, hay que mencionar especialmente a Konrad Adenauer, el ex-ministro de justicia español, Ríos, y John Foster Dulles (EEUU). Sin respetar los fundamentos de la democracia y con la ayuda del «New York Times» y el «New York Herald Tribune», Kalergi sometió al congreso americano a sus planes. Su desprecio por el principio del gobiemo popular, lo manifiestó en una frase de 1966, en la que recuerda sus actividades de posguerra: “Los siguientes cinco años del Movimiento Paneuropeo se dedicaron principalmente a esta meta: con la movilización de los parlamentos, se trataba de forzar a los gobiernos para que construyeran Paneuropa”. Ayudado por Robert Schuman, ministro de exterior francés de nobleproveniencia judía, Kalergi logra quitarle al pueblo alemán la gestión de su producción de acero, hierro y carbón, y la pasa a soberanía supranacional. Aparecieron otros nombres: Degasperi, el traidor de la autodeteminación de los Tiroleses del Sur y Paul-Henri Spaak, el líder socialista belga, finge querer establecer la paz entre el pueblo alemán y el francés a través de los herederos de Clemenceau, quien ideara el plan genocida de Versalles. Ya en los años veinte, determina el color azul para la bandera de la Unión Europea. El papel líder de Kalergi en la creación de la Europa multicultural y de la restricción del poder ejecutivo de parlamentos y gobiernos, queda patente hasta nuestros días, y se manifiesta en el otorgamiento del «Premio Coudenhove-Kalergi» al canciller Helmut Kohl como agradecimiento por seguir dicho plan, así como en el elogio y la adulación del poderoso personaje por parte del masón y europolítico, el primer ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Juncker.

Kalergi se declaraba a favor de un “pacifismo” que exige la paz de las naciones, pero permitía la violencia del poder judío. Sólo apoyaba la declaración de igualdad ante la ley, hasta que el sistema judicial actual fuese abolido. A esto lo llama “eliminación de la desigualdad injusta“. Tras la toma del poder por parte de la «raza noble judía» conseguida gracias a la exigencia de igualdad, ésta quedará anulada. A partir de entonces, los judíos consolidarán su soberanía sobre los no-judíos con la «desigualdad justa». También desdeña leyes y cláusulas que el propio país defiende y exige, cuando se trata de atacar a otros pueblos. Kalergi declara a los hombres incapaces de gobemarse a sí mismos, de ahí que proclame un Nuevo Orden Mundial. Con la abolición global de la democracia, los judíos pretenden llevar la paz, la cultura y la alimentación a toda la humanidad. Califica de «afortunada providencia» el hecho de que la humanidad pueda ser dirigida por esta «noble raza judía». Se jactó de que los judíos son los líderes del socialismo, del comunismo y del capitalismo, confirmando así el punto de vista de nacionalsocialistas y fascistas. La gran influencia judía en el gobierno estadounidense o en los servicios secretos es fácilmente comprobable. Así, un 37% de los miembros del NKVD (policia secreta soviética) pertenecía a la étnia judía, sobre todo, en el caso de los altos mandos, si bien, en términos generales, y en relación a su participación desmedida en estas ideologías, los judíos quedaron en minoría. Cuando propuso su plan y se jactó del liderazgo judío dentro del comunismo y el capitalismo, los bolcheviques ya habían matado a millones de enemigos políticos. Quiere ver reunidos «pólvora, oro y tinta» en las manos de la «raza superior judía». Con esto, Kalergiexpresa esas palabras clave, mucho antes de la aparición política de Hitler. En general, confirma una sed de poder judía, como hasta entonces sólo la habían denunciado los antisemitas. Ahora se trata de comprobar, hasta qué punto sus planes se han llevado a cabo.



Actualmente la raza blanca es solo el 8% de la población mundial, del cual el 2-3% son mujeres en edad de procrear. Eso sin tener en cuenta el fomento del aborto lo cual acerca aun mas si cabe, año tras año, la extinción.

El 14 de abril de 2003, en el Hofburg vienés, se encontraron el ex-canciller alemán, Helmut Kohl -portador de la Orden de Kalergi- y Otto de Habsburgo para celebrar juntos el ochenta aniversario del “Movimiento Paneuropa” que había sido fundado por Richard Kalergi.

Otto von Habsburg, cabeza de la dinastía Habsburgo hasta el 1 de Enero de 2007, se convirtió en el Presidente Honorífico de la Unión Paneuropea Internacional después de la muerte deCoudenhove-Kalergi en 1973. El último presidente de la Unión es —desde 2004— Alain Terrenoire, director de la Unión Paneuropea en Francia. La Unión tiene varias sedes en muchos países europeos, con su Secretaría General localizada en Múnich.

Algunos miembros famosos del Movimiento Paneuropa fueron Albert Einstein, Sigmund Freud, Thomas Mann, Franz Werfel, Salvador de Madariaga, Charles de Gaulle, Aristide Briand,Konrad Adenauer, Franz Josef Strauß, Bruno Kreisky y Georges Pompidou. Fue prohibida por los nacionalsocialistas alemanes en 1933 y fundada de nuevo tras la Segunda Guerra Mundial.

A continuación un pequeño extracto, de los puntos mas significativos del Plan Kalergi, en formato de vídeo, extraído del libro: “Adiós Europa”. El plan Kalergi escrito por Gerd Honsik.
Fuente original: todoestarelacionado.wordpress.com

AKENATÓN: «alegría del sol»


La creencia de los mundos griego y romano, que veían en Egipto la cuna de la ciencia hermética, ha persistido hasta nuestros días. Aún hoy, sólo las palabras obelisco y pirámide evocan para nosotros los más impenetrables misterios.


No es de extrañar, por lo tanto, que rosacrucianos y francmasones se rodeen de símbolos y de jeroglíficos que evocan la tierra de los faraones.
Sin embargo, aparte el hecho de que aquella comarca bendecida por los dioses se hubiese encontrado en las avanzadillas de la historia de la Humanidad, ¿cuál es el atractivo de aquella civilización desaparecida, en la era de la conquista del espacio?

Muy sencillamente, el desconocimiento en que estamos de su origen. Desde luego, podríamos interrogar a doctos egiptólogos, pero, tranquilicémonos. Sobre el origen de aquella extraordinaria civilización, no saben más que el común de los mortales... A ver quién establece una cronología seria para las cuatro primeras dinastías faraónicas, es decir, el período arcaico del Imperio Antiguo. ¡Aviado estaría!

Del mismo modo, miles de turistas ya pueden «ametrallar» con gran refuerzo de películas fotográficas la inmemorial meseta de Gizeh. ¿Quién creería por esto que las pirámides y la Esfinge iban a revelar su antiguo secreto?

Hablemos en serio y fijémonos mejor en la única realidad que contaba verdaderamente en aquel tiempo: la religión y los mitos que la rodeaban.
Esta realidad nos enseña que Egipto es incontestablemente la patria del culto solar. Es él, el Sol, quien se levanta al Este con el nombre de Horus y que se pone al Oeste con el de Atón, de Tum o bien de Aw. Tomamos contacto aquí, en el marco del antiguo Egipto, con «la misión civilizadora» de todo un pueblo.

Cada pueblo, en efecto, recibe tradicionalmente una «misión histórica»: los «guías espirituales», Hermes Trismegisto en este caso, son sus luces visibles.

Es, sin duda, Hermes, el «tres veces grande», quien se hizo cargo de la «misión» de Egipto, por citar una expresión grata al esoterista Saint-Yves d'Alveydre.

Quién nos explicará de otro modo el nacimiento en Egipto del concepto infinitamente más sutil de «Sol invisible», de «Sol negro», considerado como el «Sol nocturno» en su carrera elíptica inaccesible a nuestras investigaciones, el modelo de las evoluciones misteriosas de la materia entre la muerte y el retorno a la vida... El prototipo de la alquimia y del moderno psicoanálisis.
Claude de Saint-Martin, justamente apodado el «Filósofo desconocido», fue el primer pensador cristiano que intentó reponer al hombre en el camino de la tradición. Enseñó la vinculación del cristianismo con la Atlántida, a través de Egipto, el druidismo y el mosaísmo primitivo del Libro de Enoch.
Esta filiación ha sido sostenida recientemente por el llorado Paul Le Cour, fundador de la revista de arqueología tradicional Atlantis. El culto del Sol habría llegado así a los egipcios por el canal de la Atlántida. Este culto, olvidado por los descendientes de los primeros faraones, habría sido repuesto al gusto del día por el iniciado que es objeto de nuestro estudio: Akenatón.
Entre los egipcios —escribe Paul Le Cour— existía la creencia en un Dios supremo y en un segundo dios, el Sol creador. Una estela del museo de Berlín llama al Sol «hijo de Dios». En la puerta del templo de Medinet-Abu, se lee:

«Es él, el Sol, quien ha hecho todo lo que es, y nada ha sido hecho sin él jamás.» San Juan dirá lo mismo catorce siglos más tarde hablando de Cristo.
Recordar que Akenatón vivió catorce siglos antes de Jesucristo.

En el mismo texto, Paul Le Cour desarrollaba su tesis en profundidad. Partiendo de aquí, el autor de La Era del Acuario * precisaba su pensamiento y sacaba una conclusión que sería difícil no suscribir:

El primer foco de la religión solar fue verosímilmente la Atlántida o una comarca situada hacia el 50° de latitud Norte (¿el Hiperbóreo?). Allí fue creada la primera esfera celeste, soportada, por lo demás, por Atlas y creado el Zodíaco, que constituye en cierto modo el reloj de la religión solar cuyas fiestas anuales señala, así como las transformaciones a través de los siglos.

En efecto, de la Atlántida, la religión solar pasó a México, al Perú, a Egipto, a Caldea. Reunidos por una común tradición, la de los atlantes, que han sido denominados «el pueblo del Sol», egipcios, mexicanos y babilonios edificaron templos en cuyo frontón se veía el disco solar acompañado de dos alas... La religión hiperbórea era solar, como lo fue la de los druidas; el culto de Dionisos era solar y lo fue igualmente el de Mitra.

Abordamos, en este punto preciso del razonamiento, el verdadero fenómeno que representa Akenatón en la historia de nuestra Humanidad: el de un verdadero enlace entre la tradición atlante e hiperbórea (o gran tradición) y nuestra época actual: la civilización judeocristiana. Y haremos nuestra esta conclusión del gran autor místico Merezhkovski:

La Atlántida, he aquí lo que está en el fondo de la vertiginosa, de la espantosa antigüedad egipcia.

Atlantes y reyes-pontífices

El mito del continente perdido, de la Atlántida, se vincula a la teoría de los ciclos de la Humanidad, grata a Platón y proseguida después por toda la tradición esotérica hasta nuestros días.
Los sacerdotes del antiguo Egipto habían conservado, y sus libros sagrados dan fe de ello, el recuerdo de un vasto continente que se habría extendido en medio del océano Atlántico, en un espacio delimitado al Oeste por las islas Azores y al Este por la rotura geológica del estrecho de Gibraltar.

El Critias de Platón nos describe extensamente una ciudad del continente sumergido: Poseidonis, ciudad de gigantescas puertas de oro, edificada en graderío, con sus enormes templos y su sistema de go- bierno dirigido por reyes-sacerdotes, poseedores de las leyes dictadas por los dioses, en primera fila de los cuales se sitúa Poseidón o Neptuno, rey de los mares, armado de su tridente. También según Platón, la isla de Poseidonis, último fragmento de la Atlántida, quedó sumergida nueve mil años antes de la época del sabio Solón.

El geógrafo griego Estrabón, así como Proclo, confirman las afirmaciones de Platón. ¿Cómo hubiera podido Solón tener conocimiento de la tradición atlántida? Sólo una respuesta parece coherente. Los sacerdotes egipcios, que pretendían tener la información de los propios atlantes, la transmitieron a los viajeros griegos que a menudo visitaban su país.
Los sacerdotes egipcios de Sais, ¿podían conocer una tradición que se remontaba a la fecha admitida para la inmersión y la desaparición de aquel continente fabuloso? Los datos de las ciencias naturales, de la Prehistoria y de la Antropología concuerdan todos con esa fecha...
Queda por demostrar que efectivamente existía un pueblo egipcio en el IX milenio antes de nuestra era. Ahora bien, los estudios recientes parecen probarlo sobradamente.
Si una civilización antigua y cerrada existía ya nueve mil años antes de Jesucristo, nada se opondría a que hubiera desempeñado un papel de receptáculo y luego de vehículo a la civilización atlántida. Descubrimos sus huellas en el monumento más antiguo de Egipto: la Esfinge de Gizeh.
¿La gran Esfinge contemporánea de la Atlántida? ¿Por qué no? Recuérdese su desarenamiento efectuado por Tutmés IV. Fue objeto de una constatación asombrosa; los miembros del coloso habían sido restaurados desde las primeras dinastías... En la época de aquel faraón que reinó treinta y cuatro siglos antes de nuestra era, la Esfinge tenía, LO MENOS MIL CIEN años de edad.
Pero, ¿qué representa exactamente ese gigante, mitad hombre, mitad animal? La idea según la cual reproduciría los rasgos de un faraón no se apoya en ningún documento. Por contra, su nombre mismo parece establecer por sí solo una relación sorprendente con el continente desaparecido de la Atlántida.

Veámoslo. La estela de Tutmés I (tercer rey de la XVIII dinastía, la que nos interesa) nos enseña el nombre que daban entonces al coloso de piedra: «Ruty» ... Ahora bien, según la leyenda, que siempre contiene un fondo de verdad, las dos últimas islas de gran importancia de la Atlántida, antes de su desaparición total, se llamaban «Ruta» y «Daitia». La coincidencia es cuando menos inquietante.
Lo que refuerza aún la hipótesis según la cual las primeras dinastías faraónicas serían las de los REYES ATLANTES, es la presencia de las mastabas (o tumbas) de los soberanos en cuestión, situadas todas en las proximidades de la gran Esfinge de Gizeh...

Las primeras dinastías egipcias.

Aquellos monarcas de la primera dinastía eran inhumados en Peker, a dos kilómetros aproximadamente del templo de Osiris, situado en Abidos. Y aquí abordamos un segundo punto de contacto con la tradición atlántida. Es en Abidos, efectivamente, donde se ha encontrado la estela de I-Cher-Nofret, alto funcionario del rey Sesostris III (1887- 1849 a. de J. C.) que nos relata una iniciación a los misterios... La misma iniciación de la cual Heródoto se limitaba a declarar: «Los sacerdotes de Osiris, unidos por una vieja tradición, no podían decir nada de la muerte de su Dios...» Ahora bien, en esa estela, se hace mención del iniciado Thot, que no es otro que Hermes Trismegisto, el que «ha abierto al dios la vía que conduce a su tumba, en Peker» y que ha organizado la «gran salida», «poniendo en movimiento la nave»...
De ahí a concluir que los primeros egipcios, o cuando menos sus «iniciadores», escaparon en embarcaciones a la catástrofe que vio el hundimiento del continente desaparecido, no hay más que un paso.

La última parte de la descripción de los misterios, ¿acaso no finaliza con la declaración siguiente: «Le he hecho entrar en la nave... He ensanchado de gozo el corazón de los habitantes de Oriente (los vivos) y he suscitado el entusiasmo en los habitantes de Occidente (los muertos)... La embarcación ha abordado Abidos y conducido a Osiris, el primero de los habitantes de Occidente, señor de Abidos, a su palacio.»

Subrayemos que Occidente es representado como la morada de los muertos. En efecto, para los egipcios, Punt, la tierra de los grandes antepasados, situada por ellos en los límites de Libia (que se extendía hasta el Marruecos actual) era objeto de un culto postumo. Cuando recordemos que los egipcios sólo vivían para el más allá, comprenderemos mejor que procuraban así acercarse a su país de origen: la Atlántida sumergida, con toda verosimilitud.
¿Cabe, en este estadio, poner en duda la existencia de la Atlántida, afirmada en la Antigüedad por Homero, Solón, Heródoto, Platón, Estrabón, Diodoro? No lo creemos, pues los antiguos situaban precisamente el continente desaparecido «al otro extremo de Libia, allá donde el Sol se pone...».
Así se explica, naturalmente, la consanguinidad de las familias reinantes, medio seguro de conservar la pureza de la sangre atlante según la prescripción dictada por el gran Hermes.

El origen atlántida de los antiguos egipcios halla una confirmación suplementaria en la costumbre considerablemente antigua del ocre rojo con el que eran embadurnados los cadáveres. El primer ejemplo que conocemos de esa práctica nos lo da el hombre de Cro-Magnon, de raza blanca, que vivió hace casi cuarenta mil años. Este hombre, sacado a la luz en Eyzies, Francia, que medía más de 1,90 metros, se bañaba efectivamente en el ocre rojo. Cuando sepamos que los atlantes eran apodados la «raza roja», y reputados por su talla gigantesca, podremos preguntarnos si el hombre de Cro-Magnon no sería de la raza de los atlantes.

No es inverosímil creerlo si pensamos que:

El recuerdo abrumador de aquella ascendencia era tan poderosamente apreciado en tierra nilótica que para conservar sus particularidades físicas y morales fueron instituidas, desde la aurora de los tiempos, dos de las más extraordinarias leyes de la tradición faraónica:

1.  —  El soberano se desposa con su hermana;
2. — El rey, los grandes sacerdotes y todos los puros DESCENDIENTES VARONES de la raza original se untan el cuerpo con ocre rojo...
Las costumbres irán debilitándose...
Hacia las últimas dinastías, únicamente el faraón y el Hierofante se embadurnarán con pintura roja.

Madame Szumlanska sitúa la decadencia de aquella raza dirigente de Egipto en los alrededores de la XVIII dinastía, o sea, en la época que nos interesa, la del faraón Akenatón. Fue bajo aquella dinastía cuando Egipto tuvo su «canto del cisne»: «Un esplendor inaudito se extendió sobre la tierra de Egipto con la XVIII dinastía. Horus, el dios originario del país de Punt, vio reflorecer su maravillosa leyenda.»

Los primeros egipcios, antepasados de los supervivientes de la Atlántida, habrían llegado al valle del Nilo, a través del África del Norte, procedentes de las islas Canarias. Ahora bien, en 1882-1886, el sabio Verneau publicó su Informe sobre una misión científica en el archipiélago canario en el cual proporcionaba una documentación considerable sobre los hombres de Cro-Magnon, al término de una investigación de cinco años. La idea principal de Verneau se fundaba en un parentesco atlante con los guanches, antepasados de los habitantes de las Canarias. No olvidemos que la Atlántida, al desaparecer, debía dejar emerger las crestas de sus cordilleras de las que el pico Teide podría ser uno de los vestigios.
El sabio francés notó en las momias que pudo examinar una enorme capacidad craneana (1.790 cm3 de promedio), una estatura elevada (2,10 m) y, sobre todo, una deformación poscoronal específicamente cromagnoide «que no es debida a una deformación ritual como en los semitas, sino siempre en un punto preciso y que se encuentra entre los pueblos donde no existe ese rito, principalmente entre los egipcios». Nos resta, al final de este capítulo, describir la innovación monoteísta simbolizada por el culto SOLAR que hace su aparición con el Homo sapiens de Cro-Magnon y su rito del ocre rojo para continuar en el Egipto faraónico y culminar en un ideal más sutil y más puro de la misma religión solar: la sustitución del propio Sol por el DISCO.

La cosmogonía sagrada de los egipcios. El «Libro de los muertos»
La cosmogonía de los egipcios está enteramente contenida en el famoso Libro de los muertos, destinado a los cenáculos iniciáticos del antiguo Egipto, por considerar los egipcios la muerte como una especie de iniciación (del latín initium: «renacer a la vida»).
Entre las visiones que el libro describe, el de la barca solar es la más frecuente. Esta visión central donde reencontramos las dos luminarias (la barca, que simboliza la Luna creciente, lleva el disco solar: Ra) formaba el núcleo de toda la cosmogonía sagrada.
Para los egipcios, la Luna, considerada desde un punto de vista espiritual, no era en absoluto inferior al Sol, pero su unión simboliza la involución o, por emplear el lenguaje de la Biblia, la etapa original de la «caída». En el plano espiritual, pues, este fenómeno de involución agrava la caída inicial del género humano cuyas consecuencias están representadas respectivamente por el SEXO y la MUERTE, pues el SER ORIGINAL era, según la tradición, BISEXUADO e INMORTAL. Este concepto del ANDROGINADO primordial se encuentra de nuevo en el famoso diálogo de Platón El Banquete. Para el divino maestro, iniciado en los misterios egipcios y ardiente defensor de la tesis «atlante», existía una raza original «cuya esencia está ahora extinguida», raza de individuos que llevaban en sí mismos los dos principios, masculino y femenino, y por ende andróginos. Los seres de esta especie «eran de una fuerza y de una audacia extraordinarias y abrigaban en su corazón proyectos orgullosos hasta atacar incluso a los dioses». Esta tentación de escalar los cielos no es nueva; es el mito de Prometeo, el de los Gigantes y de los Titanes. En la Biblia misma, ¿acaso no es evocada la «promesa de tornarse semejante a los dioses»? (Génesis, III)

Pero lo más extraño que hay en el texto de Platón, directamente derivado de los Misterios de Egipto, es el hecho de que los dioses, para defenderse, no fulminan a los seres andróginos como fulminaron a los Titanes, sino que paralizan su acción y su potencia separándolos en dos. En lo sucesivo, el Hombre y la Mujer nacerán de la separación de los sexos o de los principios, el MASCULINO y el FEMENINO.
Lo mismo sucede con la Luna y el Sol, ambos por referencia a nuestra Tierra. La tradición esotérica, como hemos visto, enseña que esos dos astros estaban unidos en el origen y formaban cuerpo y que luego se separaron... Encontramos de nuevo a esta pareja inicial Sol-Luna reunida en el dios Osiris cuyas vinculaciones, tanto lunares como sola- res, han sido repetidas veces subrayadas por los egiptólogos. La resurrección de Osiris, petrificado en la muerte, ceñido en sus vendas de momia (alusión al mundo mismo, sometido a la implacable «ley de la naturaleza»), significaba el restablecimiento de la unidad en el retorno a la integridad original.
La muerte, ese misterio en el sentido oculto del término, es vencida mágicamente gracias al verdadero «pasaporte» para el más allá que constituye el Libro de los muertos egipcio. El viaje del alma está descrito con detalle por analogía con el viaje diurno de la barca de Ra, la barca solar, por la bóveda del cielo. El ejemplo del «dios-fracaso» Osiris seguía presente en todas las memorias: simbolizaba la «caída».
Frente a aquel pueblo amoral, soñador e indolente de los egipcios, el gran Hermes blandía el ejemplo de la disciplina y del equilibrio cósmico: la élite egipcia que él logró formar creía en la existencia de un «alma del mundo» cuyas «luces» visibles eran el Sol, la Luna y los planetas. Esa «religión del Cosmos» abrió al egipcio medio visiones insospechadas. Se lanzó con alegría en aquella «preparación a la muerte» que su selección le proponía. La moral se convertía en un lazo vi- viente entre el hombre y el Universo por intercesión de los dioses cósmiscos.
Los dioses cósmicos: Horus-Osiris, Amón-Ra. Horas, por ser el heredero de su padre Osiris, puede ser considerado como el heredero del mundo divino tomado en su conjunto. Aparece como el sucesor de todos los demás dioses. Así, ante el envejecimiento de la Humanidad, los iniciados se veían llamados a hacerse cargo del «gobierno cósmico». Horas, en esta óptica, aparecía como la divinidad humana por excelencia. Su leyenda misma es significativa.
Al principio, Horas es considerado como el «vengador de su padre», Osiris, muerto por Seth. Pero por muy aborrecido que sea, Seth no deja de ser necesario al equilibrio cósmico, pues el mal ha de existir para que el bien pueda triunfar. Volvemos a encontrar aquí la idea de un ser divino que se sacrifica deliberadamente por la salvación de la Humanidad (un Christos), Osiris, en este caso. El objeto de semejante sacrificio era conducir al hombre hacia la liberación de sus instintos superiores por la destrucción de su naturaleza inferior. Es lo que nos enseñan, a través de una terminología que a veces se nos antoja embrollada, las religiones que precedieron al cristianismo y cuyos «salvadores» con Adonis, Orfeo, Dionisos, Baldur, Mitra...

Completamente diferente del de Horas, pues, aparece el papel de Osiris y cabe preguntarse, ¿por qué el OSIRIANISMO no se fusionó con el cristianismo naciente? Hay que ver en la intransigencia de los primeros Padres de la Iglesia y en su deseo de hacer «accesible» el cristianismo a las masas, rechazando los elementos esotéricos, una causa del fracaso de esa fusión. Sólo que la élite egipcia había de tomar una decisión preñada de consecuencias para la Humanidad: las tradiciones esotéricas del osirianismo debían ser preservadas a toda costa. Así nacieron, cuando la desaparición de Egipto en tanto que civilización, la GNOSIS y el MANIQUE1SMO, la ALQUIMIA y luego el movimiento TEMPLARIO, que había de hacer nacer la FRANCMASONERÍA.
La élite egipcia había adivinado en el Decálogo de Moisés y el «optimismo beato» del cristianismo la trampa fatal: afirmar que todo se arreglará «automáticamente» y como por la fuerza de las cosas es adormecer al mundo.
Esta puntualización era necesaria para comprender la importancia de otro dios cósmico y sobre todo la de la cofradía secreta que lo rodeaba: la FRATERNIDAD DE HELIÓPOLIS que se había consagrado al dios-Sol Ra, de donde procedió su importancia política y religiosa en el seno del Egipto antiguo.

El dios Ra, a quien encontramos ya en la barca solar, era considerado como el «primero de los faraones». Simbolizaba al Sol pasando por las «cuatro casas del mundo», y representado como el vencedor de la serpiente. Nos encontramos aquí en presencia de todos los mitos originarios de las diversas religiones que sucedieron a la primera cosmogonía egipcia. El dios Ra debía, bajo la XII dinastía, encontrar una segunda juventud: su asimilación al dios de Tebas, Amón, que hubo de hacer nacer la dualidad Amón-Ra.
Observaremos, de la misma manera, que el gran sacerdote de Heliópolis llevaba una piel de leopardo adornada de estrellas, pues era el «jefe supremo de los secretos del cielo» y el «grande de visión». La ciudad de Heliópolis, en el delta del Nilo, era uno de los tres centros de misterios más importantes con el de Hermópolis (la ciudad de Hermes), y el de Abidos, de origen atlántida.
La importancia de Heliópolis es atestiguada hasta en el cristianismo, puesto que, según el Nuevo Testamento, fue en Heliópolis donde la Sagrada Familia habría descansado cuando la «huida a Egipto».

El clero de aquella ciudad sagrada colocaba un «puente mágico» sobre el abismo de la muerte según unos procedimientos que hoy están irremediablemente perdidos. Lo poco que sabemos de ello no nos permite adelantar hipótesis aventuradas... Es probable, sin embargo, que ciertas cofradías ocultas posean precisiones al respecto. Añadiremos solamente que fueron egiptólogos alemanes los que se ocuparon de las excavaciones de Heliópolis.
Más significativo aún, en cuanto a su esencia solar, es el gran dios Amón-Ra cuya adoración estaba centrada en torno de Tebas en el gigantesco conjunto monumental: Luxor-Karnak. Aquí ya no se trata de misterios. La religión únicamente es admitida y, desgraciadamente (como casi siempre es el caso), querrá desbordar sobre unos sectores en los que no tiene nada que hacer: la dirección administrativa, y luego política, del país. Será un hecho consumado bajo la XXI dinastía.

¡Algunos siglos más de Historia y Egipto se derrumbará!




Los iniciados del SOL

Por ser el Sol el astro que ilumina nuestro planeta, aquel sin el cual ninguna vida sería posible aquí, se comprende mejor aún la presencia de ese astro central en muchas tradiciones y leyendas. Es más, nos damos cuenta mejor de la fuerza incomparable que pueden tener las vías espirituales y los itinerarios iniciales en los que ese astro resplandeciente tiene el papel más importante.

Pero, ¿no existirían hombres de carrera excepcional que habrían tenido (los astrólogos sabrían sin duda explicarnos el porqué) su carrera meteórica marcada por el «signo» Sol?
¿No se trataría únicamente de una vida en la que el astro del día hubiera tenido un papel privilegiado, sino de un destino en el que los acontecimientos y la suerte se orientarían, se determinarían alrededor de esa gran imagen arquetípica?
Un escritor humorístico del siglo pasado escribió una pequeña obra maestra de ingenio en la que, parodiando las hipótesis astronómicas tan caras entonces a los historiadores de las religiones, se divertía demostrando que Napoleón Bonaparte no había existido nunca, que no era más que el tipo mismo del mito solar personificado. Pero lo más extraordinario, ¿no sería justamente ver en el Emperador no sólo el personaje (tan real) de fantástico destino, sino al ser cuya carrera (como la de Alejandro Magno) asumía las dimensiones de un verdadero mito solar realizado?
La obra aporta fantásticas revelaciones sobre hombres tan diferentes como el faraón Akhenatón («el rey ebrio de dios»), Alejandro, Napoleón y algunos más.
¿Qué punto común existe entre esos personajes? El de ser cada uno, en su género, «místicos del Sol» que interpretaron su papel en un drama simbólico a escala terrestre.
La presencia de Adolf Hitler entre los «místicos del Sol» podría extrañar a primera vista; es porque la obra no ha dejado de tener en cuenta, no sólo los ciclos del Sol visible (el de la bóveda celeste), sino también los del «Sol negro», del «Sol de los muertos». Es conocida la leyenda iniciática egipcia del periplo de la barca solar (la del dios Ra).
Después del ocaso, continúa su periplo —en sentido inverso— a través de las regiones infernales, para resurgir, en Oriente, para un nuevo amanecer.
¿No podría tener esta leyenda, entre sus significados, un sentido en relación con el desarrollo de la Historia terrestre?
Sol Invictus! Con esta exclamación, los adoradores de Mitra saludaban al astro del día, como mucho antes que ellos el omnipotente faraón de Egipto, Akenatón («amado del Sol»), que hizo del Sol Ra, el dios único, emanación del Innominado, como más tarde los mazdeístas, guiados por Zoroastro, honraban a Ormuz, el dios-Luz del Irán, antes de Alejandro Magno, hijo de Zeus-Amón, conquistador del Universo y del emperador romano Juliano, injustamente llamado el Apóstata, que recibió, en los últimos destellos del paganismo, la iniciación del supremo LOGOS.
Estos cuatro nombres van asociados, en el transcurso de los siglos que forman la era de Aries y luego la de Tauro, con los más grandes acontecimientos de la Antigüedad. Un lazo misterioso, tejido en un aura sobrenatural, une a esos hombres que fueron todos «místicos del Sol» al mismo tiempo que jefes espirituales y temporales habiendo tenido las más de las veces que gobernar un inmenso imperio. Hijos del Cielo, se pusieron bajo la protección del Fuego cósmico y no en balde las dinastías reales, en Japón o en el Perú, vieron sus monarcas proclamarse «hijos del Sol». La ciencia moderna misma, mal que les pese a los escépticos, reafirma las antiguas leyendas, puesto que, al reencontrar el sistema heliocéntrico descubierto por los antiguos, ha demostrado que todos los planetas que constituyen nuestro universo inmediato, incluida la Tierra, eran partículas desprendidas del Sol. El astro radiante es, pues, en realidad, nuestro padre en los dominios celestes, como lo es en el orden de las cosas visibles e invisibles.
Por doquier, desde el fabuloso Imperio «hiperbóreo», que vio crecer la raza de los «Gigantes», desde las gloriosas y míticas dinastías de los reyes-pontífices de la Atlántida, madre de nuestras civilizaciones, el disco de oro, centro de nuestro universo planetario, símbolo de vida fecundante y de alegría, luz radiante de potencia y de fuerza, es saludado por todos los pueblos del hemisferio boreal como el símbolo viviente, la encarnación triunfante de la Divinidad, el vencedor de las fuerzas inertes y estériles surgidas del caos, y aquel que renace cada día después de la larga espera nocturna puede muy bien aparecer como la imagen eterna de un milagro incesantemente renovado.
En su misteriosa alquimia, el Sol condensa, sobre el plano astral, las fuerzas inorgánicas y las energías inmensas contenidas en el COSMOS, y esta vitalidad prodigiosa, que parece constantemente renovada, participa verdaderamente de la potencia divina si, detrás del Sol visible, brillante luminaria, permanece, como una inmensa hoguera infinitamente más vasta y más terrible, el Sol invisible, el SOL NEGRO de los alquimistas y de los magos, llamado así por su terrible resplandor, emanación oculta a nuestros ojos del LOGOS DIVINO... Por esto no es dado a los humanos, en esta vida al menos, contemplar ese fuego espiritual, tan brillante que quemaría nuestra alma por la eternidad. Por contra, los textos sagrados de la Humanidad, como el Libro de los muertos egipcio, o el Bardo Thodol («Libro de los muertos») tibetano, tienen en cuenta esa luz que nos será dado contemplar desde el otro lado del espejo, es decir, después de nuestra muerte terrestre. Es el Sol de Osiris de los sacerdotes de Menfis, la «Luz azul» del Plano budista, el «Sol de los muertos» que únicamente guía las almas hacia el Espíritu y trasciende el misterio del Supremo Conocimiento. El secreto del logos, el conocimiento del Sol negro, camino de la vida y de la muerte, era la clave de los grandes misterios conocidos antaño por los colegios de iniciación, pontífices atlántidas, sacerdotes egipcios y grandes druidas, antes que se apagase la antorcha de la tradición por el soplo de un «viento de locura» nacido en alguna parte de Judea.
Desde entonces, la gran cadena de los iniciados solares está rota y tan sólo la magia, ciencia de doble filo, puede todavía resucitar un instante los secretos del conocimiento perdido. Aquí es donde se urde el drama del mundo moderno. Por los métodos y los procedimientos que implica, la magia, cuando no está en manos de hombres absolutamente puros y sin tacha, conduce casi fatalmente al desencadenamiento de las «fuerzas negras», canales de energías desconocidas y terriblemente peligrosas, dejadas a un lado por los miembros de los colegios de iniciación en los tiempos idos que veían al hombre conversar con el Universo.

Cuando estas fuerzas inmensas son liberadas de su prisión material, nada puede ya detener su poder de destrucción y de muerte. «Lo que está arriba es como lo que está abajo», escribió Hermes Trismegisto (el «tres veces grande») en la «Tabla de Esmeralda», y la alquimia, esa ciencia suprema, puede servir indiferentemente al Bien o al Mal, dar la piedra de sabiduría de los filósofos o liberar los átomos de la bomba termonuclear.
Y precisamente para volver a encontrar esa ciencia, para reanudar el hilo de la tradición atlántida ocultada por el cristianismo, unos hombres han emprendido, tras la ruina del mundo antiguo, la búsqueda «sagrada» un momento interrumpida. Pero, esta vez, el Sol de los hombres no puede ya guiarles, oscurecido por la sombra gigantesca de la cruz, y el camino de regreso que conduce hacia la misteriosa TIERRA VERDE, la regia HIPERBÓREA, sede de la mística THULE, pasa por las prácticas mágicas. Trátese de la alquimia, arte regio, de la astrología, madre de las ciencias herméticas, o de cualquier otro instrumento de investigación, la vía se revela infinitamente peligrosa y el camino estrecho, bordeado de precipicios. TRES HOMBRES, marcados por el sello del Destino, sin que sea cosa de juzgarlos aquí, se han atrevido a llevar el «hierro candente» en la historia de Europa, sin lograr, no obstante, romper el «círculo de hierro de la ignorancia», y esos tres nombres resuenan como los tres golpes que anuncian el nacimiento de una tragedia: Federico II, emperador de Alemania, domina la Edad Media; Napoleón eclipsa todas las glorias de los Tiempos modernos, y Hitler, en su locura y su desmesura, destruye las imágenes de los hombres políticos contemporáneos.
Esos tres hombres, aunque parezcan estar muy distantes por el destino, la época y la mentalidad, están, en realidad, más allá de las contingencias humanas, unidos por lazos potentes y secretos. Los tres han debido luchar, para asentar su hegemonía espiritual y temporal, contra la Iglesia, enemiga de la púrpura imperial, reflejo de la majestad solar, y los tres, en su búsqueda desesperada, no han podido realizar sus místicos designios, y su trágico destino se apagó en un crepúsculo de sangre. La investigación del conocimiento perdido sigue abierta y el «asiento peligroso» de las novelas de la Tabla redonda sigue esperando a su «caballero loco y puro». Ni Federico II, emperador de las Alemanias, rey de los romanos, en su tentativa suprema de reencontrar, a la luz de la inteligencia, el Sol de los alquimistas, el «León rojo» de los filósofos, ni el gran Napoleón, en su búsqueda heroica y guerrera en torno del Zodíaco, semejante al águila del apocalipsis, ni por último Hitler, ese nuevo Galaad wagneriano, vagando en pos de un GRIAL inaccesible y del Sol negro, lograron encontrar la luz ocultada desde que un terrible cataclismo sumergió, hace diez mil años, la Atlántida y su capital Poseidonis bajo las olas tumularias del Océano.

Si, no obstante, el tesoro espiritual legado antaño por la «raza divina» de los «hombres de Thule» no se perdió gracias a las primeras dinastías solares de Egipto, su mensaje se hizo poco a poco ininteligible para los hombres desposeídos y los textos truncados y degradados quedaron consumidos para siempre el día que retumbó este grito de desesperación: «¡El Gran Pan ha muerto!»
Así, el Sol de los vivos ha desaparecido y sólo queda, en este día, el Sol de los muertos. Sin embargo, según el calendario del Universo inscrito en el Zodíaco, nuestra era actual, dominada por el signo de PISCIS, debería terminar pronto para dar paso a la era de ACUARIO, o del «copera de los dioses», Ganimedes, raptado por el águila de Zeus (Júpiter). Después de esta última fase, los acontecimientos han de precipitarse, y si nos aproximamos verdaderamente al final del ciclo terrestre actual, el que los hindúes, en su sabiduría milenaria, denominan KALIYUGA (que significa el triunfo de Kali, diosa de la Muerte y del Sexo), es decir, la edad de hierro, que sucede a las edades de oro, de plata y de bronce, la destrucción de nuestro viejo mundo podría tornarse una solución a considerar sin despecho, si es cierto que en Oriente, lugar donde se levanta el Sol, bien lejos de la pequeña Palestina, aparece un resplandor rojo, anunciador de una nueva aurora.

China, el Imperio celeste, dragón adormecido desde hace mil años, ha despertado bruscamente, inflamada por el SOL ROJO de Mao Tsé-tung, y la Revolución china amenaza bastante con poner pronto término a la era de Piscis. Esa llama, encendida en la hoguera de la revuelta del Espíritu, ¿habrá de abrasar a todo el planeta?
No sabríamos responder a esta angustiosa pregunta que desarrollaremos en la conclusión y, puesto que no hemos llegado aún al término de ese trastorno, aunque la perspectiva de una renovación integral por el fuego no sea ya tan remota, este libro ha sido escrito para resucitar las figuras a la vez inquietantes y grandiosas de los SIETE PERSONAJES que prosiguen su investigación solar como los SIETE PLANETAS de la astrología tradicional. Los cuatro primeros «Grandes Seres» se consagraron al Sol de los vivos, los tres últimos al Sol de los muertos, y porque un día secreto, aquellos «místicos del Sol», aquellos hombres que no eran ya del todo «hombres» recibieron la chispa violenta de la iniciación, toparon con el muro de la incomprensión y del caos o cayeron en el vértigo del orgullo. Entre Zoroastro y Hitler, hay quizás una distancia menor que entre Buda y Jesús. La metafísica hindú enseña la creencia en la reencarnación de las almas en el curso de vidas sucesivas. ¿Quién nos explicará de otro modo el misterio de la filiación solar que enlaza a un Alejandro con un Napoleón? La rueda del Samsara de los brahmanes arios, rueda del Tiempo, rueda del Sol, puede tomar la forma de Esvástica, o cruz gamada, sin que se detenga su incesante girar que nos arrastra en el torbellino de la vida y de la muerte. Hipnotizados por este espectáculo, ¿nos habremos engañado contemplando el mundo de la Ilusión...? Esta aventura oculta, que no se parece a un cuento, esperemos que contribuya a disipar bastantes nubes y bastantes falsas creencias.

Se ha dicho de las estrellas que eran EL RELOJ DEL DESTINO, cuya esfera forman los doce signos del Zodíaco, y el Sol y los planetas son las saetas de las horas que indican el año; la Luna, por su parte, representa la saeta de los minutos indicando en qué mes del año se cumplirá el destino de cada individuo...
La ASTROLOGÍA, arte regio por excelencia, está en la base de todos los MITOS religiosos. Nos referimos a los mitos «astrológicos», no a los «astronómicos», reflexión conveniente para ilustrarnos plenamente sobre la elección del SOL como símbolo religioso repuesto en su contexto esotérico.
Si nos dignamos suponer la existencia, en la noche de los tiempos, de una «astrología integral» comprendida como ciencia y como tradición primordial, el iniciado, o el astrólogo, que disponga de un conocimiento tal de los secretos del Universo se encontrará capaz de realizar lo que pudiera calificarse hoy no de «prodigios científicos», sino de verdaderos «milagros» a los ojos de los profanos. Un hombre tal que posea el monopolio del conocimiento, invocará infaliblemente la inspiración de DIOS, aunque sólo sea para evitar la envidia y la codicia de sus semejantes.
Que aparezca ahora un segundo astrólogo y tanto uno como otro colocarán sus trabajos bajo los auspicios de una divinidad particular con objeto de diferenciar su ciencia. Así, el primero escogerá la paternidad del Sol y el segundo la de la Luna. Si vienen otros «magos», obrarán igualmente, multiplicando hasta el infinito las divinidades, creando nuevos templos y nuevas religiones. La degeneración de un «saber» originariamente puro es entonces fatal.
El astrólogo se ha convertido en sacerdote y se hunde cada vez más en la mistificación que hace de él un «taumaturgo» autor de curaciones imaginarias cuyos «milagros» son atribuidos arbitrariamente al dios de tal o cual templo. Tal divinidad se torna «especialista» en un milagro, tal otra es invocada para otro «artículo», y así sucesivamente.
Nuestro derrumbamiento es tan visible, la crisis por que atravesamos tan profunda, que nuestros dirigentes no intentan siquiera ocultárnoslo; apenas si preconizan —con una especie de aburrimiento— remedios inútiles. Veamos la realidad de cara: nuestro mundo actual está condenado sin remisión.

Para comprender mejor el origen y el alcance de un debate así de conciencia es indispensable fijarse en los mitos y los símbolos que forman el «estado civil» de nuestra cosmogonía y el «molde» cuya impronta hemos recibido. Tomamos entonces conciencia de la importancia excepcional del mito SOLAR que encontramos en el origen de todos los libros sagrados, y la Biblia no hace excepción a ello. La tradición «oculta» nos enseña, en efecto, que hubo una época en la que la oscuridad reinaba en las profundidades del espacio: había el «gran silen- cio» y la «gran noche» tan cara a los ocultistas. Aquel período fue seguido por otra fase, situada bajo el signo de la luminosidad: es la época de la «niebla de fuego», del «mar de bronce»... Por último se abrió la tercera edad, dominada por el frío que provocó, por repetición del hervor de las aguas seguido de una evaporación continua, el nacimiento de nuestra corteza terrestre y su población por nuestros antepasados, tras la solidificación.
Pero, ¿cuál es, en todo caso, la relación con el Sol?, se nos hará observar.
Nos atreveremos a decir que se trata de una «relación» directa, pues la Tierra y la Luna, en una época remota, formaron originariamente parte del Sol, pero luego se desprendieron de este astro. Es, por lo menos, lo que nos enseña la «gran tradición», coincidiendo así con las últimas hipótesis científicas. Una prueba en contra de esa dependencia Tierra - Luna y Tierra - Sol nos es proporcionada, según los criterios de la astrología, por la influencia que ejercen las dos luminarias sobre los individuos. Puede resumirse esta reflexión constatando en ciertos seres la primacía del elemento «solar» o bien «lunar» en su carácter y su comportamiento... Así, el Sol determina las cualidades viriles del valor y de la voluntad mientras que la Luna suscita las cualidades femeninas de la sensualidad y de la imaginación... Desarrollando este último punto, comprendemos mejor, por ejemplo, la influencia de los ciclos lunares sobre el organismo femenino o, en el terreno del simbolismo, el mito del «andrógino» o del «hermafrodita».
Pero, lo que es más importante aún, constituye el «soporte» religioso y místico aportado por esos dos astros, el Sol y la Luna. De ahí han derivado el «fuego» y el «agua», fuerzas de enlace que encontramos, aquél en los PARSIS (adoradores del fuego y modernos descendientes de Zoroastro) y ésta en las piscinas de agua lustral de la Antigüedad. Subrayemos aquí que el maridaje de ambos elementos ha sido celebrado en los templos del mundo entero en todas las épocas de la Humanidad: la unión del «fuego solar» (principio masculino) con «la tierra y el agua» (elemento femenino).

A la luz de estas explicaciones, podemos comprobar fácilmente las diferentes partes que ha tomado el cristianismo de la religión solar. Es justo, ahora, analizar el mito del «templo de Salomón», que hizo numerosos adeptos y sirvió de punto de partida a célebres movimientos esotéricos. Nos percatamos aquí también de que, si se examina el lado cósmico de aquella construcción, el templo de Salomón es el Universo solar por excelencia cuyo gran señor, Hiram, el antepasado de los francmasones, es el propio SOL. Este viaje alrededor de los doce signos del Zodíaco en el que se efectúa el drama místico de la leyenda masónica. Es, pues, con derecho que puede hablarse de iniciación solar en los masones. Queremos hablar de los mitos nórdicos e hiperbóreos que tuvieron el éxito que es sabido en la cosmogonía hitleriana. Piénsese en el famoso «martillo de Thor» (dios de la mitología nórdica) marcado con la esvástica (cruz gamada). En efecto, la leyenda masónica revela a sus iniciados que el gran señor, Hiram, se valió de un martillo para llamar a sus obreros, el mismo martillo con el cual Thor hizo salir el fuego del cielo, es decir, el rayo de Júpiter: otro ejemplo de la unidad de todas las tradiciones humanas. Partiendo del instrumento del gran dios nórdico y de la leyenda guerrera que le sirve de corolario (los Vaniros, o divinidades de las Aguas, vencidos por los Aesiros o divinidades del Fuego), el sabio nazi Horbiger pudo edificar su cosmogonía, es decir, el origen de nuestro sistema planetario, viendo en la lucha milenaria del fuego (de origen solar) y del hielo (de origen lunar) la justificación de sus concepciones.
Sentado esto, el problema comienza a hallar un principio de explicación y así se aclaran los numerosos símbolos que acompañan a la mística solar, el más representativo de los cuales puede hallarse en el águila, el ave del Sol. Esta elección, que responde a consideraciones puramente esotéricas (por ser el águila la única ave que puede mirar al Sol de frente), encuentra su ilustración en el ave de Zeus consagrada al Sol por todos los pueblos antiguos y que fue, entre los DRUIDAS, el símbolo de la deidad suprema. De la misma manera, los cabalistas judíos, los gnósticos cristianos y precristianos lo adoptaron, antes de que los R + C lo situaran al pie de la cruz... Buen ejemplo de filiación solar, cuya oculta explicación reside en el hecho de que es el símbolo de cada «vidente» que interroga a la «luz astral» y descubre en ésta la sombra del pasado, del presente, del futuro, y ello tan fácil- mente como el águila «contempla» al Sol...
Volvemos, en este punto de nuestra búsqueda, a las huellas de la astrología, ese arte regio hoy tan controvertido, pero cuya influencia permanece incontestable en la creación de los mitos religiosos, como acabamos de comprobar. ¿Quiere decirse que esos mitos «astrológicos» están hoy perdidos y que nuestras civilizaciones son condenadas a desaparecer con las religiones muertas que las acompañan? La prudencia nos manda responder con la negativa, pues la Historia recuerda que hubo hombres, como Galileo, que declararon que la Tierra era redonda y giraba sobre sí misma en su revolución alrededor del Sol, a riesgo de hacerse quemar como vulgares brujos, cosa que —entre paréntesis— era sabida y enseñada diez mil años antes de Jesucristo y^hasta de Moisés. La Historia nos enseña que hubo también, mucho más cerca de nosotros, hombres, como Schliemann, que partieron al descubrimiento de Troya apoyándose en la leyenda de la Ilíada, ¡mal que les pese a los escépticos!
La conjuración del silencio, servida por nuestros modernos sectarios materialistas, que niegan a los otros el derecho imprescriptible a la verdad, está llamada a ceder el paso ante las exigencias^ propiamente metafísicas del género humano. Los clericalismos de toda índole no han podido hacer más que demorar el vencimiento y son ya impotentes para impedir que el hombre reflexione. La última guerra mundial, con el desencadenamiento del materialismo, no ha hecho más que fortalecer ese proceso.
Los escépticos o las mentes superficiales que califican de «traficantes de luz» a los adeptos del esoterismo no se dan cuenta de la suma de esfuerzos que han necesitado los alquimistas, los investigadores, los cabalistas y los ocultistas de todas las épocas para continuar sus trabajos pese a las persecuciones de todo tipo de que han sido víctimas.